domingo, 11 de enero de 2026

Gabino

Yo flotaba y sabía que estaba en un sueño. Por lo general cuando esto sucede, elijo adónde ir, pero en este sueño había una fuerza que me arrastraba hacia el lado opuesto. El viento me llevaba y entré a una habitación muy deteriorada de color rojo. Con sorpresa noté que ahí en un sillón destartalado estaba mi papá. Me alegré mucho, me acerqué a él y lo abracé. 

No supe interpretar mi sueño. Unos meses después mi papá me llamó por teléfono; me contó con tristeza que se había estado sintiendo mal. Me preocupé de inmediato porque mi papá era un hombre del campo, un hombre fuerte que parecía no enfermar. Tal vez solo no lo decía y pasaba sus malestares en soledad. 

Mi papá tenía cáncer en un estado avanzado. Solo pasaron unas semanas desde el diagnóstico hasta su partida. Murió como se muere una hoja seca que se desprende serena de un árbol. 

Mi papá murió el 18 de marzo de 2018 y su velorio parecía una fiesta. La gente charlaba amena y se reía con una alegría inesperada. Y es que mi papá fue un hombre sencillo y bueno. Y el ambiente cálido y grato parecía propiciado por él, por su alma bonita. Así se sentía. 

Mi papá me adoptó cuando yo era bebé. Me dio su apellido y me crió igual que a una hija. Nuestra relación de padre e hija no era en realidad tan cercana acaso por causa de este detalle pero él era mi papá, como lo era de mis hermanos que sí eran sus hijos de sangre, y yo era su hija.

Hoy lloré la partida de mi padre. Tenía en mí la tristeza trabada y se me desbordó casi de la nada. Alguien me preguntó si de verdad yo lo veía como mi padre y yo respondí: yo no sé cómo es no tener padre; él era mi padre y lo extraño.