viernes, 6 de octubre de 2017
miércoles, 13 de septiembre de 2017
miércoles, 19 de julio de 2017
viernes, 30 de junio de 2017
Del dios que juega
Dios se despliega en la infinidad de seres que puede ser*, así, cada cosa es una de sus formas de ser; ¿por qué desearía Dios ser una conciencia limitada, atormentada, cruel o sufriente? Me agrada la teoría del dios que juega a esconderse de sí mismo, pero no me convence. Sé que mi condición finita me impide hacer afirmaciones metafísicas certeras sobre la calidad moral de Dios, pero quisiera entender. Podríamos ser sólo instantes que se precipitan hacia la nada; sin embargo, parecemos hechos de sustancias eternas y si todo esto se trata de un juego, las dificultades tienen una razón de ser, algo siniestra, pero lúdica al fin.
*Pijama Surf: "Conocerse a sí mismo es conocer a dios".
miércoles, 17 de mayo de 2017
miércoles, 12 de abril de 2017
Por eso no lo invitamos a las fiestas
Les informo gustosamente que mi fin está próximo. Pueden atribuir mi desvarío al motivo que tiene a bien mermar mi existencia, pero definitivamente lo digo alegremente, como quien se libra de un amo, más que furioso, triste y apático; de esos que lo hacen a uno sentirse mortalmente hastiado y muy melancólico --nos basta su presencia para atribularnos y por eso no lo invitamos a las fiestas. Así era yo: un diminuto y helado planeta orbitando por ahí; mas mis ojitos soñolientos desbordaban ilusión y mi corazón tierno crepitaba henchido de amor.
Un mar de colores tumultuoso y ardiente era por dentro. Una masa gris informe, jodida, llorosa y fría era por dentro.
Por fuera, no sé: apariencia desgarbada. Un brazo por aquí, unos ojos por allá... Todo cuidadosamente desordenado y ligeramente agrietado; también podría definirla como tambaleante: piénsese en una pila de platos de cristal mal acomodados, embestida por una repentina ráfaga de viento. Sí, así.
Un mar de colores tumultuoso y ardiente era por dentro. Una masa gris informe, jodida, llorosa y fría era por dentro.
Por fuera, no sé: apariencia desgarbada. Un brazo por aquí, unos ojos por allá... Todo cuidadosamente desordenado y ligeramente agrietado; también podría definirla como tambaleante: piénsese en una pila de platos de cristal mal acomodados, embestida por una repentina ráfaga de viento. Sí, así.
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