En la incómoda situación de no ser correspondida, y ante la rara experiencia de no poder detenerme a lamentarlo, veía de lado, como en un sueño fuera de lugar, o sea, en vigilia, una imagen borrosa, muy vaga, de una ciudad que antes de llegar a ser, quedó devastada. Porque sí, porque la vida.
Y mi corazón, criatura tierna, hilito de voz, no alcanzaba a dar razón.
Luego todo se volvió desierto, polvo, viento y nada. Nada. La sensación y ya.
