martes, 20 de septiembre de 2011

Crisis

Me dije que perdí el encanto o la magia, aunque en el fondo supe que nunca tuve nada de eso. Tanta imaginación era la mía.
Me sentí como un trenecito veloz que se estancó en un charquito de agua sucia.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Borrosa

Usted sabe que me carcome, que me duele. Los ojos no se me llenan de lágrimas, sin embargo. Muy orgullosa estoy de ya no encerrarme en el baño a llorar desconsolada. Pero sí me duele, y no sé qué ni por qué. No me hallo, eso creo. Me siento borrosa, insustancial.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Pero la soy

No tengo muy claro qué quiero decir. Jamás. Hace bastante tiempo que me encuentro recluída en mí misma. Hago lo suficiente para estar bien: trabajo, estudio, pierdo el tiempo, investigo, espío, contemplo el cielo y la calle; pero me mantengo al margen del mundo. He lo grado reunir en mi pequeña habitación, que felizmente se encuentra en un cuarto piso y tiene una ventanita, todo lo necesario para pasármela bien sola: netbook con internet, televisión, reproductor de mp3 con radio, muchos libros, bicicleta para hacer ejercicio, una cama individual y confortable, un espejo, una mesita y una banca. Me mantengo como espectadora. Pero ahora tengo la inquietud de hacer más que dedicarme a mí misma y a la angustia de saber que mi vida no tiene sentido. Necesito construirme y construir mi entorno. No sé cómo. Los días pasan veloces, y mis arrebatos de inquietud se apagan con facilidad. Me asusta mi inconstancia, pero la soy.

viernes, 26 de agosto de 2011

Tengo tanto sueño. Me arden los ojos.

Jim Carrey





Jim Carrey me parece honesto. Este mensaje es bello. Es curiosa la tristeza en la expresión del rostro de Jim cuando se despide; se siente ridículo, se sabe vulnerable. Eso es lo que hace que el vídeo sea tan bello. El amor de por sí es doloroso, más aún si es ridículo, y aún más bello por eso.

(Sin embargo, no me parece ridículo.)

Sonreír

Me he pasado el día sonriendo. Ya no me es tan habitual la tristeza. Los ojos ya no se me inundan de gris. Pero hay instantes pequeñitos en los que me desvanezco como un montoncito de polvo en medio de un viento furioso, y dudo, contengo el aliento, me sujeto con fuerza al vacío... y vuelvo a sonreír.