viernes, 26 de octubre de 2012

Ojalá

"Me dolió mucho tiempo (aunque sólo cuando respiraba) y, como todas las cosas, la olvidé lentamente, sin quererlo"*.







*Lo dijo un tal Roberto. 

viernes, 12 de octubre de 2012

Todos los días

Todos los días es el mismo día.

Iba a decir la verdad. Yo siempre me quedo en el "iba". Iba a explicar por qué me volví tan gris, por qué lo extrañaba y lo necesitaba tanto, por qué no podía dejar de pensarlo. Todo era un asunto psicológico muy serio que había entendido por fin.
Pero tengo esta tristeza seca, rancia, podrida, que me come, así que ya no importa.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sórdido y tumultuoso

Tendría que poder describir minuciosamente cuanto siento. Me encantaría hacerlo en voz baja, muy baja, pegarme a tu oído y hacer que mis historias se deslicen melodiosas y dulces aunque dolientes, a veces.
¿Sabes? El verdadero motivo por el que tanto sufro es mi absoluta falta de... no sé bien cómo nombrarlo...  pasión, tal vez. Nada me interesa realmente. Nada. No me interesan los grandes músicos, ni los grandes escritores, ni las obras de arte, ni la historia, ni los dinosaurios, ni la arquitectura, ni los filósofos, ni los superhéroes, ni la gente buena, ni los zapatos de colores... con trabajos he logrado interesarme por algunas personas reales: tú, por ejemplo. Personas reales a medias, ya que tampoco me esfuerzo mucho por conocerlas. Es como si las atrapara y las enredara en mi imaginación. Las enredo en mi imaginación y ya no las dejo salir; se hacen mías y yo, autoritariamente, les doy forma: la que yo quiera.

"En medio de la vida y la muerte está la creatividad". No sé quién lo dijo, pero yo estuve de acuerdo, aunque decidí modificarlo un poco: "En medio de la vida y la muerte está el tiempo y el tedio" y, no sé por qué, pensé en los mataderos de vacas: un día una vaca empezó a existir; un día una vaca dejó de existir... Pero, y esto es lo importante, ¿qué pensaba la vaca cuando tenía tiempo, cuando despertaba, cuando se iba a dormir, cuando sólo miraba? ¿Vale más el pensamiento continuado de quien tiene una larga vida que el pensamiento fragmentario, casi nulo, de quien tiene un instante para existir? Vale, no sé por qué.

Vuelvo al tema original: lo que me hace sufrir. Presumo, no obstante, que si bien no me interesan las grandes cosas, me interesan las cosas chiquitas: así, chiquitas. Los gatitos de ojos de colores (un día vi uno chiquitito con un collarcito dorado y entendí la expresión: "me lo como").  Me fascinan los aretes rojos y largos, el crujir de las hojas secas, las ventanas con cortinas que dejan entrar la luz de la mañana, los espejos, los charcos, las nubes grises... Me interesa lo que no se puede contar, lo inefable: el corazón que arde. No te lo puedo contar, no obstante: te aburriría. Yo quedaría en silencio muy pronto.

Sórdida y tumultuosamente en silencio.



miércoles, 18 de julio de 2012

Se ha hecho el frío

--Al principio apenas se nota. Un día, ya no se tiene ganas de hacer nada. Nada le interesa a uno, se aburre. Y esa desgana no desaparece, sino que aumenta lentamente. Se hace peor de día en día, de semana en semana. Uno se siente cada vez más descontento, más vacío, más insatisfecho con uno mismo y con el mundo. Después desaparece incluso este sentimiento y ya no se siente nada. Uno se vuelve totalmente indiferente y gris, todo el mundo parece extraño y ya no importa nada. Ya no hay ira ni entusiasmo, uno ya no puede alegrarse ni entristecerse, se olvida de reír y llorar. Entonces se ha hecho el frío dentro de uno y ya no se puede querer a nadie. Cuando se ha llegado a este punto, la enfermedad es incurable. Ya no hay retorno. Se corre de un lado a otro con la cara vacía, gris, y se ha vuelto uno igual que los propios hombres grises. Se es uno de ellos. Esta enfermedad se llama aburrimiento moral. 

Michael Ende: Momo.

miércoles, 4 de julio de 2012

miércoles, 27 de junio de 2012

Mordiditas

Desde que desperté hoy no he hecho más que perder el tiempo. Son casi las 4:00pm y yo sólo he comido un plato de chococrispis con leche. Debería bañarme y salir a comprar comida, pero no quiero. Estoy atrapada aquí conmigo.

No sé si me siento triste o alegre por poder tomarme un día entero para no hacer nada. Cada que lo hago siento remordimientos.

He hecho los trámites correspondientes para impedir que alguien me reproche mi subrepticia y esporádica pereza. Es uno de los grandes beneficios de la soledad y la autosuficiencia.

Pasé horas pensando en mi vida. Me pregunto qué quiero. Lo único que sé es que, pese a que me siento inquieta, nada. Nada.

Poder hacer lo que quiera y no hacerlo...

Ocurre que he cometido errores irreparables a la primera.


El tiempo me está comiendo y yo, despreocupada, lo dejo seguir con sus mordiditas de mí.
A veces, no tan despreocupada. A veces me angustio.

¿Realmente debo ir a algún lado?
  

viernes, 8 de junio de 2012

Vuelve, por favor.