
Camino todo el día. Voy de aquí para allá. Sólo doy vueltas. Ya estaría muerta, si no fuera porque no me gusta la idea de que alguien se dé tremendo susto al encontrarme inerte. Pobre. Y tampoco soporto pensar en mi cuerpo pudriéndose. Qué culpa tiene él de que yo, a veces, no lo quiera.
(jueves 18 de octubre de 2007)
