domingo, 10 de agosto de 2008

Matanza

Decidí lavar el baño. No con sorpresa descubrí una legión de hormigas bajo el cesto de la basura. Definitivamente iban a morir; la cuestión radicaba en cómo: si bajo mis chancletas o ahogadas. Mientras decidía, unas cuantas se ahogaban. Pensé, debe ser peor morir ahogado, así que las pisoteé. El baño quedó reluciente. No quedó rastro de la matanza. Luego, un cosquilleo en mi hombro evidenció la presencia de una sobreviviente. No quiero hormigas en mi cuarto -volví a pensar- y, tomándola entre mis dedos gordo e índice, la aplasté. No sentí remordimientos. No suelo ser tan mala, pensé una vez más.

(viernes 25 de mayo de 2007)

No hay que amar

No, señores, no hay que amar. Si de algo me gusta hablar es de amores y, sobre todo, de desamores. Cuando un buen amigo, con ojos llorosos y rostro demacrado, me cuenta de un nuevo desventurado amor, yo, emocionada, lo consuelo diciéndole que eso que siente es una de esas cosas por las que vale la pena vivir, pues, esa emoción -por dolorosa que sea-, debido a su intensidad, es digna de experimentarse y mejor que "el torturante sentir que no se siente"*... soy ingenua -y cruel-. No es que jamás haya sido "amablemente" pisoteada por un supuesto amor, es que tengo mala memoria. Pero no se preocupen, queridos amigos, el destino les hace justicia, pues, una vez más soy presa de los tormentos de un amor desgraciado.



*Jaspers

(martes 22 de mayo de 2007)

Digamos

¿Ha usted despertado, por la mañana, sintiéndose tan triste e indiferente que si algo o alguien, digamos, un amable carnicero, lo cortara lentamente en rebanadas delgadas, desde la punta del dedo gordo del pie hasta la cima de la cabeza, no le importaría?
¿Ha usted deseado intensamente -durante una bella tarde nublada- que un hombre gigante le encaje un tenedor muy grande, digamos, en la panza y que, posteriormente, deguste su suave y jugosa carne?
¿No?, pues qué optimista.

(miércoles 25 de abril de 2007)

Búrlense de mí

Han pasado varios años desde que empecé a llamarle por teléfono. No me interesa hablar con él, ni saber cómo está. Lo que quiero es que escuche sonar el teléfono, que interrumpa cualquier actividad que esté realizando y que, al levantar el auricular, diga "bueno"... nada más; por eso sólo le llamo para colgarle una vez que he escuchado su voz. Él sabe que soy yo y, para mi sorpresa, no le molesta, incluso le divierte.
Como pueden ver, gusto de irrumpir en su vida -en esa vida que me es ajena- de la forma más patética que encontré...queridos lectores, búrlense de mí.
(domingo 22 de abril de 2007)

Celos enfermizos

Las 9:30 pm, no te veré y esperar el día siguiente me parece insoportable, sobre todo porque no tengo sueño. Dormir es la única salida a la eternidad que me espera. Te necesito. Siento como si estuviera jalando una cuerda con el fin de hacer caer una gran muro de piedra sobre mí. Si te dejo, la soledad me resultará un infierno: las horas atravesarán -cual navajas muy filosas- mis entrañas. Si me quedo contigo, temo que enloqueceré, pues mi cabeza gusta de fantasear: cuando logro, después de unir fragmentos de ti, darle sentido a una historia en la que sigilosamente entablas una relación amorosa con otra -seguramente una golfa, tipeja, perdida...-, siento que mi estómago se revuelve, mi visión se nubla y empiezo a sudar frío... quiero destruírte y a ella -esa- también. No quiero lastimarte, tengo miedo.
(jueves 12 de abril de 2007)

Náuseas grises

Él tenía unos ojos hermosos, grandes y claros... sé que, aunque lo describa minuciosamente, si usted no lo ha visto, no podrá imaginarlo tal cual es - o era. Quizá se lo ha topado por la calle, es su amigo o su pariente, pero le garantizo que para usted no significa lo que para mí. Usted no ha sentido náuseas -como yo- al saberlo cerca. En una ocasión me encontraba en el patio de mi casa, rodeada de paredes color vino y pequeños árboles verdes, bajo un cielo azul salpicado de nubes; él y yo hablábamos por teléfono, me dijo que amaba a [...] y yo, por primera vez, le creí. Juro que todo se volvió gris: el cielo, las paredes, los árboles y yo.

(martes 10 de abril de 2007)

Otra vez

Supongo que no quiero vaciar mi vida. Bastante vacía está ya.